viernes, 11 de marzo de 2016

SUQUET DE L 'ALMIRALL

Existía un término antes usado con frecuencia para definir lo que nos pasó en el Suquet de l’Almirall. Con mayúscula, para que lo vea todo el que pueda y quiera: “VERGUENZA TORERA”, o lo que en el símil taurino significa tener la suficiente dignidad para enfrentarse a un toro y no hacer el indio, el ridículo o el panoli.
Hubo en tiempos un torero que no tuvo los arrestos necesarios para matar el toro y allí mismo, en la plaza, delante de los aficionado,s le pidió a un miembro de su cuadrilla que le cortase la coleta.
Lo mismo hay que tener para ponerse delante de unos fogones y hacer una paella, exactamente lo mismo. Dignidad, reputación y honradez; mínimos imprescindibles para tener un local y que se te llene la boca pensando que eres uno de los referentes.
Ya es hora de habar claro y desenmascarar a los listillos que se piensan que tener un restaurante es vivir del pasado, que al tener un restaurante en la Barceloneta todo vale, que tener un restaurante en la zona de más densidad de turista por metro cuadro es patente de corso.
No seré yo el que me oponga al turismo, ¡dios me libre!; no soporto a estos modernos que ahora quieren cargarse la más importante industria del país, pero en ocasiones, ante algunos de estos sabios que piensan “aquí ya vale todo” los turistas han sido, sin querer, los causantes de que en lugares que habían sido de referencia, actualmente se hayan convertido en auténticos vividores del sector, y por supuesto lo pagamos los de aquí.


Un simulacro de paella como las que nos sirvieron en este local, del que no volveré ni a mencionar su nombre, no es digna ni del más cutre chiringuito de nuestra costa. El nombre se las trae y el precio de vergüenza. PAELLA DO LA BARCELONETA 28 €.
Como diría un amigo, a cascarla.
Antes del simulacro de arroz:
Buñuelos de bacalao y espinaca. 9.50 €


Calamares a la Romana con mayonesa de romesco. 17 €


Y de postre, flan.


La ya mencionada paella, evidentemente se quedó en el plato. Como siempre vino la pobre empleada de turno y nos comentó, “¿que no les ha gustado?”
Mire usted, no, para que algo guste tiene que tener sabor. Este simulacro de arroz estaba elaborado con agua, con agua del grifo, con agua del grifo de la Barceloneta. Insulsa, sosa, insípida.
No tengo ganas de seguir... patético.
Eso sí, afortunadamente nos tomamos un Pétalos del Bierzo, extraordinario Mencía, aunque también hay que decir que nada tiene que ver con el de las primeras añadas. Aquello fue sublime.
Perdonen el desahogo, pero qué a gusto me he quedado.

Me permitirán que por primera vez en toda la historia del blog (7 años) no ponga ni la dirección ni el teléfono, así no sabrán donde les pueden sacar su dinero por nada.

7 comentarios:

Stentor dos dijo...

Gracias. Pues no iremos

jaume dijo...

Ya lo publiqué en mi comentario en la web www.verema.com, y en la respuesta que dí a una respuesta a mi comentario, el Suquet de l'Almirall fué un referente del buen arroz en la Barceloneta, pero en cuanto Kim Marqués decidió dejar de ser restaurador para pasar a ser un industrial de la restauración la calidad de su cocina dió un giro de 180°. La Pepa en el barrio de Gracia, La Lola en el centro comercial Arenas, La Pepa del Mar en Sitges restaurante del Hotel San Sebastian Playa, también de su propiedad le ocupan todo el tiempo gestionando el conglomerado de empresas y ha descuidado totalmente la cocina, el personal de cocina, el personal de sala y el suministro del producto fresco, es una opción que es por supuesto muy libre de tomar, pero no es la que elegimos los que somos amantes de la buena mesa.
Por supuesto, yo no pienso volver y no pienso recomendar a nadie este restaurante.
Hoy quizás el mejor arroz de la Barceloneta se come en La Mar Salada, muy cerca del Suquet.
Un saludo

Tomàs Cortés dijo...

Si som seriosos, la qualitat de la cuina ha baixat bastant,en general per la relació qualitat preu, entre altres coses per culpa dels cuiners empresaris més pendents de fer diners que donar la qualitat minima indispensable, s'està explotant massa la 4a, 5a i 6a gamma i així ens va als clients. Cada cop és més complicat i difícil trobar un bon restaurant que valgui la pena dir,,,, ostres quina troballa

SERGI dijo...

Felicidades por no callar las verdades, a veces es muy fácil no decir nada o no hacer un post de un sitio así, y es de agradecer que se haga todo lo contrario
Un saludo

Agustin Fraile dijo...

Hola Jaume, gracias por tu comentario. Realmente es así no se podía definir mejor. De restaurador a industrial de la restauración. El ojo del amo engorda el caballo, ¿es así no?
Probaré, la mar salada, por supuesto que sí. Otra vez gracias.

Agustin Fraile dijo...

Gracias Tomàs, así es. En esto tiempos nadie se quiere quedar simplemente como restaurador. Hay que ganar el dinero fácil y rápido y en según que zonas, como es el caso, los turistas no colaboran. Es decir si no va los de aquí, que puede ser mas exigente, ya vendrán los de fuera y pagarán lo que le pidamos por lo que le queramos dar. Calidad no seguro. Pero es una pena porque yo tengo grandes recuerdos de Suquet de hace muchos años, y era una referecia, no solo en el arroz.
Un saludo y gracias

Agustin Fraile dijo...

Sergi. Esto no podría ser de otra manera. A mí no me conoce nadie, yo no acepto una invitación entre otras cosas porque soy anónimo, pero ni si quiera las que me llegan a través del correo del blog. Nunca.
Un día estaba en el nuevo Carmelitas de Pellicer, recién inaugurado, fui para escribir sobre él. En una mesa cercana solo hacían que abrir botellas de vino y charlar con el que parecía socio capitalista.
Posteriormente se unió a la fiesta el propio Pellicer y cuando vi que solo hacían que sacar platos y platos y ellos hacer fotos y fotos con sus móviles, es cuando deduje que tenían el mismo hobby que yo.
La diferencia, mi comida fue un desastre, así como el trato recibido y en el blog de ambos fue un 10.
Gracias por tu comentario Sergi y un saludo